Mi historia...

Me llamo Blanca, comencé a hacer ejercicio a los 17 años no por amor, sino para adelgazar y verme más tonificada. Entendía el ejercicio y la alimentación como una ecuación: calorías que entran y salen. Por aquel entonces no existía tanta información como ahora.

El objetivo siempre fue cambiar mi cuerpo. Probé varias dietas y entrenamientos extremos.

Era frustrante que a pesar de hacer todo al milimetro y ser super exigente conmigo misma, no conseguía ver los resultados que me gustarían. Es frustrante esforzarte y sentirte mal contigo misma cada vez que descansas o te saltas el plan. Aún así entrenar era algo que me daba paz y me hacía desconectar del día a día.

Y BFIT no nació ahí...

El verdadero punto de inflexión

Cuando empecé a trabajar, la realidad cambió. Menos tiempo y mas responsabilidades.

Prioricé mi salud mental y física. Entrenaba en casa temprano antes de entrar a la oficina con entrenamientos cortos y dinámicos, que me hacían sentir bien física y mentalmente.

Entrenaba 30 minutos con intención y aprendí a cocinar rápido y sencillo, disfrutando de comida deliciosa y saludable. Fue la etapa donde más cambios físicos pude ver, sin ser estricta: cuando aprendí a soltar, descansar y hacer lo que se adaptaba a mí y mis circunstancias.

Ahí fue cuando decidí que quería ayudar a otras mujeres a entender que no necesitan mas estructura o rutina, si no un sistema que se adapte a sus vidas y su día a día.

Y que los cambios van de dentro hacia fuera.

Entendí que algo muy valioso:

No necesito pasar hambre para ver resultados.

Construir hábitos sólidos, es lo que hará el esfuerzo automático por ti.

Puedo comer de todo y ver un cambio físico en mi cuerpo.

Disfrutar de mi vida social forma parte de una vida sana.

Puedo entrenar en casa, de viaje o en cualquier parte del mundo y ver resultados.

Cuidar de mi cuerpo y mente es tan importante como el resto de responsabilidades.